MARÍA INMACULADA EN LA VIDA DE LA URSULINA

María, la sierva del Señor, entregó totalmente su vida a Dios en el «he aquí… hágase» y se abrió a la alabanza del «magníficat», cantando las inagotables sorpresas del amor divino en la propia existencia y en la historia humana. En ella la Ursulina descubre el modelo más elevado de la realización femenina, como esposa y madre que acepta la palabra de Dios y la engendra para la humanidad (LG 65).

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